En 1.999 yo tenía 28 años, no estaba casado, vivía en casa de mis padres y trabajaba en Unicaja. Es lo que todos solemos hacer cuando nos preguntan por una fecha en concreto, nos situamos.
Un día, Salvador Osorio me propuso formar parte del grupo de personas que conformarían la lista de Izquierda Unida en las elecciones municipales. Antes de contestarle me permití consultar a familiares y amigos. Todos estuvieron de acuerdo en recomendarme que no aceptara; “la política no es buena cosa”. Acepté.
Recuerdo con cariño las reuniones en la sede; reuniones en las que percibía un derrotismo inusual para mi. Yo tenía claro que íbamos a ganar. En la presentación del grupo en la Plaza utilicé la metáfora de los zapatos para hablar de la política y los políticos. Creo que llamó la atención.
Las elecciones fueron un domingo. Como un día más, me acosté pronto. El lunes a las ocho menos diez, entrando en la oficina un vecino me confirmó que habíamos ganado. Luego fueron llegando los compañeros. Gigi comentaba que, textualmente, “disfrutaba de un amanecer de libertad en su pueblo, en Istán”.
Los primeros días de gobierno – y quien mejor lo sabe y lo sufrió fue Salvador Osorio- fueron muy difíciles. Era final de mes y no había dinero para pagar las nóminas. La anterior alcaldesa había liquidado deudas anteriores de más de cinco años atrás. Había una cuenta de crédito que estaba casi vencida y agotada en su límite de varios millones. El basurero de las errizas era multado por Medio Ambiente, porque debía clausurarse y llevar la basura a la costa. No se había adquirido vehículo alguno para ello aún habiendo dirigido la delegación del parque móvil de mancomunidad. Hubo de comprarse un camión de segunda mano.
Otro tema era el hotel. Estaba en estructura y había que devolver unos cincuenta millones de pesetas a Turismo por no haber justificado la subvención. Finalmente, y a poco de tener que devolver un dinero que se ya se había gastado en otro asunto, se consiguió por Salvador, la condonación de esa deuda. El mismo negoció las deudas con la Seguridad Social y Hacienda que impedían la obtención de subvenciones. Por entonces, si no recuerdo mal, Salvador tuvo un amago de infarto, a causa de la presión por estos problemas. Luego las cosas fueron cambiando; se terminaron proyectos inacabables como el campo de fútbol o el mismo hotel, mientras que algunos miembros de la oposición no acudían a los plenos en muchas ocasiones.
De aquel tiempo recuerdo dos anécdotas. Una, al ver el despacho de alcaldía, decorado al estilo clásico, con mesas, sillas y sillones fantásticos para hacer reportajes fotográficos pero no muy adecuados para trabajar. Al igual que la bombilla del quince que apenas daba luz para vernos las caras. Otro hecho nos ocurrió en Marbella, intentando recoger dinero para la feria, tuvimos que salir por piernas de una tienda de ropa donde se debían los uniformes de la policía de cuatro o cinco años atrás.
En la mancomunidad de la costa se hizo un gobierno de concentración para evitar que Gil volviera a gobernar como había hecho antes con los apoyos del GII y el PP . En Sierra de las Nieves el PP de Monda posibilitó que Paco Manuel, alcalde de Ojén, fuera presidente.
Se siguió trabajando mucho y bien. En las elecciones de 2.003, Izquierda Unida volvió a ganar pero perdió un concejal. Personalmente, fue una decepción para mí. Entendía que merecíamos más por el trabajo que habíamos hecho. Ahí quedaban conciertos como los de El Barrio o la Cabra Mecánica, las mejoras en todas las instalaciones deportivas, como la pista de padel, el gimnasio, la contratación de un monitor, las obras en calles y rincones, la flota de vehículos municipales e incluso el asfaltado de la carretera.
El PP recuperó el concejal que había perdido como consecuencia de apoyar en la pasada legislatura al GII.
La política en los pueblos, muchas veces, viene marcada por los favores debidos y por deber, o bien por multas o sanciones, o por no dar la razón a lo que se pide. Existe una manera de entender la política desde el ombligo propio y no alcanza más allá. La política, la gestión de un ayuntamiento obliga a mirar por el bien general como primera premisa, con el respeto a la persona y el sometimiento a la ley. Hacen un flaco favor a la política las circunstancias que vivimos continuamente en los pueblos, como las mociones de censura de Alozaina o Benalmadena. O las situaciones surrealistas de Estepona o Manilva. Pero no hay que ir tan lejos, recordemos las elecciones municipales de Istán en 2.007, donde el GII, grupo cercano al GIL, ingresa en la casa común del PSOE. Y que decir de un grupo independiente que aparece a la sombra de un algarrobo y que en su presentación ante los vecinos afirma no creer en los partidos políticos tradicionales, para luego, bajo la excusa de una promesa incumplible apropiarse de las siglas del PP, dejando al margen a sus legítimos representantes con la anuencia de la dirección de Málaga.
Todos estos hechos no hacen más que dinamitar la poca credibilidad que nos queda a la clase política y a los partidos. Todo parece valer para conseguir votos. Como ejemplo de las consecuencias tenemos las pasadas elecciones europeas donde se promovió la escasa participación con una de las peores campañas electorales de la democracia española.
Frente a todo eso todavía hay esperanza. Esperemos que las leyes por venir en desarrollo del Estatuto de Andalucía fomenten una mejora de la vida pública.
En estos años que Izquierda Unida ha cambiado en Istán y no sólo en las personas sino que hemos influido en el comportamiento del resto de las formaciones políticas; ahora ya habla más de una persona en los mítines, no es necesario que venga alguien de fuera, se preparan mejor los programas, incluso se abren sedes…
En el año 2.007 se me ofreció la posibilidad de liderar un “nuevo proyecto humano”. Su camino no fue fácil; hubo que convencer a la asamblea y a la organización en Málaga. Por otro lado había otros obstáculos; el desgaste acumulado por ocho años de gobierno y la presencia de un grupo de jóvenes sin experiencia en la gestión pública. Finalmente todo fue favorable y hoy hemos superado nuestro segundo año de mandato. Dos años caracterizados por la ilusión y el trabajo en equipo, y porqué no, por la crisis, que nos hace esforzarnos más y superarnos día a día.
En estas últimas líneas me gustaría citar a personas que me han marcado profundamente en mi vida pública. Alguno de ellos ya no está, como es Antonio Serrano, hombre honesto y bueno hasta el final; Manolo Salas, amigo y actor; Michel y la música; Miguel Ramos, hombre culto y amigo de sus amigos; Luis Moreno, el deporte y la función pública; Juan Gaitán, el poeta amigo; Félix Martín Carro, culto y provocador; José de Vicente, ejemplo a seguir en esfuerzo, constancia y saber vivir la vida. A todos ellos mi más sincero cariño; ellos me han enseñado mucho de lo que sé.
Finalmente, mi mayor agradecimiento a Miguel García, por su trabajo y generosidad. A mi gente; Ana, Chicho, Mario, Fernando, Antonio, Howard, Gigi, Juan Alonso y los demás, porque a su lado soy mejor persona.
Gracias a todos los que creen que Istán vale la pena, por si mismo, sin rencores, ni favores, ni falsas palmaditas en la espalda.
José Miguel Marín Marín
Alcalde de Istán
Istán, a 30 de julio de 2009
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